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miércoles, julio 25, 2012

Pensando en mis debilidades como comedor compulsivo

He caído en la trampa de no tener un plan de comidas limpio, y bien organizado. Creo que con fallos en el horario, por tener momentos de hambre. Me he dado cuenta de que me cuesta estar sereno y decir que no a las tentaciones con hambre física. Fallo en el desayuno que es demasiado ligero y donde he de incluir una pieza de fruta. Durante un tiempo se me fueron colando alimentos dudosos, los frutos secos, y como no pasaba nada, seguía comiéndolos de vez en cuando. Siempre es poquito a poco. Fue el principio, la grieta en la presa que se desquebraja hasta que revienta y hace aguas.

Me hace perder la serenidad el usar mal la herramienta del plan de comidas. En teoría el plan de comidas es para escribir por adelantado lo que vas a comer durante el día de hoy, y comprometerlo con alguien, sea el padrino / madrina u otro compañero/a del programa. Extrañamente últimamente me resistía a esto, y lo que hacia era escribirlo después, y sobre todo no lo comprometía. Así, el compromiso sobre mi plan de comidas era muy débil. Lo que me lleva a una abstinencia no limpia, en el que entran cosas que no como habitualmente, por imprevisto, y a saltarme el 3-0-1. Reconozco que esta herramienta no la he usado bien cuando en el pasado si lo he hecho así, no me costaba esfuerzo y me iba muy bien. Pero era como si quisiera aun conservar un poco de mi enfermo libre albedrio sobre la comida. Como si yo tuviera el poder de decidir. Creo que esta es la manera de entregar mi comida, y rendirla totalmente en el primer paso, y eso es lo que me ha fallado.

No usar el teléfono potencia mi aislamiento, y me deja solo ante mi enfermedad. Me mantiene débil, por que es con la unidad y apoyo de otros comedores compulsivos cuando sacamos la fortaleza para decir no. Pero no llamando la compulsión juega al “divide y vencerás” conmigo.

Por esta época en mi trabajo hay una oleada de cumpleaños. Hay una semana en la que hay dos o tres seguidos. Tienen la costumbre de traer siempre comida, que luego esta rondando por la oficina toda la mañana. Esto me supera. Para mi es como arrimar una cerilla a hierba seca. Además, no yendo bien desayunado, si no con hambre, y teniéndolo tan a la mano, para mi es imposible para decir que no. Soy impotente ante esta clase de tentaciones. Y si encima es en grupo y hablando con la comida delante, me relajo mucho mas. Se une la gula a la codependencia. El querer ser un comedor normal, el querer comer como los demás, querer ser y comer como ellos, y soy incapaz de decir que no. Menos mal que he dicho en el trabajo que tengo alergia a la harina y al azúcar, y así los evito para mantener mi coartada. Y en cierta manera no es una mentira, es verdad, por que cada vez que los como, luego me siento fatal.

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1 Comentarios:

Blogger Johanna escribio...

A mi no me sirve eso de mentir en sociedad para después estar obligada a no comer, me dá lo mismo, creo que es peor todavía como que no tengo códigos ni con migo misma.

11 febrero, 2013 00:26  

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