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jueves, enero 12, 2012

Horarios de comidas, supermercados y la compulsión por la comida en comparación con otras adicciones

Horarios de comidas, supermercados y la compulsión por la comida en comparación con otras adicciones

Pensando en mis hábitos de comidas y observando los de los demás, he comprobado los horarios extraños de comidas que tenemos en España. Por lo que se en muchos países extranjeros comen muy pronto a las 12 o 1 del mediodía. En España esto se alarga hasta las 2, 3, incluso 4 de la tarde. A mí siempre me da hambre a eso de la una. Gracias a dios tengo sensación de hambre  y de saciedad hoy por hoy. El tiempo y el trabajo las han recuperado.

También sobre las, siete, ocho de la tarde, que es justo cuando salgo del trabajo me da hambre de nuevo. Igualmente se que se cena por esos mundos de dios a eso de las seis de la tarde.

El salir de la oficina con hambre después de varias horas de trabajo intenso y stress, es uno de los momentos más delicados para mí ahora mismo. Del trayecto de la oficina a casa, apenas 5 minutos (soy un privilegiado) tengo que pasar por una zona comercial llena de establecimientos donde acceder a alimentos peligrosos para mí.

Si llego a casa estoy salvado, pero el camino es un campo de minas. Cuantas veces me abre parado en una esquina pensando me voy al supermercado ya.

Esta dificultad las estoy salvando no llevando dinero suelto, ni tarjeta de crédito. Tampoco lo necesito a diario puesto que estoy muy cerca de casa. Pero me siento que esto sigue siendo huir de la comida.

He pensado que lo mejor es usar las herramientas cuando inicio el trayecto. Llamar cuando salgo, meditar, y pedir ayuda para obtener la fortaleza de decir NO. Realmente este es el mayor obstáculo diario. Este y la maquina de comida que hay en el comedor del trabajo. Si no llevo dinero encima la ignoro totalmente. Con monedas en el bolsillo, me pongo compulsivo. Es como un imán. Solo la posibilidad de ya me pone nervioso.

A veces esta compulsión se traslada al momento en el que salgo de casa por la mañana cuando pienso si me llevo la cartera o no. Detrás de esto solo puedo ver en mi una terrible y devastadora GULA. ¿Por que si estoy en paz y tranquilo, y que solo una moneda en el bolsillo, por la posibilidad de usarla en una maquina de alimentos, me quita la serenidad? Por que soy impotente ante la comida, por que es superior a mis fuerzas, y por que yo solo no puedo con esto.

Esto a veces me hace sentir mal, y por supuesto muy limitado. No llevo nunca dinero encima para esos pequeños gastos diarios que todos tenemos y que no son comida. Por ejemplo cuando en el trabajo deciden poner dinero para algún cumpleaños. O simplemente para el trasporte publico. Hay veo como esto hace mi vida totalmente ingobernable.

Se que tras un tiempo abstinente esta sensación se va, y puedo llevar dinero como cualquier persona normal, pero no sabría cuantificar cuanto tiempo es necesario ni lo quiero medir, ni me ayuda eso por que es ponerme horizontes o metas, objetivos, y a mi solo me interesa llegar al final del día abstinente, sin haber comido compulsivamente.

Es difícil y duro vivir rodeado de comida a la mano, estar deseando comerla, y no hacerlo. Pedir el deseo de no hacerlo es una tarea continua. Estoy seguro que llega un momento que no se desea, yo lo he vivo. Por que se el mal que me hace. Pero la presión externa a mi para que coma es muy poderosa. Pienso en hace mas de tres años cuando vivía en una tranquila zona residencial donde no había tiendas ni nada a la mano, y no me pasaba esto. ¿Influye esto en mi abstinencia?

Pensemos en los supermercados como un bar para un alcohólico o un sitio donde vendan drogas para un drogodependiente. Yo soy adicto a la comida. El mecanismo es igual. Quien lo quiera negar se engaña. Conozco muchas personas poli adictas, y muchas incluyen la comida entre sus adicciones, tras otras sustancias. Es mas cuando muchas personas empiezan a recuperarse de otras adicciones, empiezan a usar la comida como sustituto de estas, y terminan desarrollando un trastorno de la alimentación. Pero ese no es el tema del que quiero hablar ahora.

Volvamos a los supermercados. Pregunto, ¿va un alcohólico en recuperación a los bares? ¿Va un drogadicto rehabilitado a donde distribuyen su sustancia adictiva? Yo no soy alcohólico ni drogadicto, pero así a primera hora, lo que se me ocurre como respuesta a esto es que NO. Entonces, ¿Por qué yo que soy adicto a la comida tengo que ir a los supermercados? Es mas tengo que convivir a diario con el objeto de mi adicción. Y lo que es aun más inquietante. Tengo que comer todos los días, o si no, simplemente a la larga muero de hambre. Un alcohólico, o un drogadicto, en recuperación, pueden vivir (físicamente hablando) sin su sustancia. Pero yo necesito comer. La cosa es que la línea de lo que es adictivo y lo que no, es mucho mas difusa en la comida. Y ahí esta la dificultad.

¿Es el azúcar adictivo? ¿Cuánta cantidad de azúcar llevan los alimentos mas industrializados? ¿La necesaria para tu salud? ¿o la necesaria para que el alimento sea adictivo y compres y compres y compres y compres y compres, y comas y comas y comas y comas y comas, hasta morir por ello? ¿Piensan en la salud de las personas cuando fabrican esos alimentos que para mi son adictivos? ¿Cómo son los test de sanidad que pasan estos alimentos? ¿Me sirve de algo hacerme todas estas preguntas?

Lo que si tengo claro es que entre mis alimentos sanos se mezclan mis alimentos adictivos, y los distribuyen en el mismo sitio. Ni yo mismo muchas veces tengo claro cuales son. Y me puedo engañar. Y me puedo mentir. Y puedo escoger mal. Mi libre albedrío en cuanto a la comida esta roto. Si me dejo suelto, yo siempre escojo lo peor para mi. No lo más sano. Antes, hace mucho tiempo, pensé. ¿Por qué siempre escojo lo más rápido y fácil? ¿Por que no cocino y como lo mas sano para mi? Ciertamente con el ritmo de vida tan rápido de hoy, comer sano es un lujo y un privilegio.

Pero pensándolo bien también hay alcohol en los supermercados. Y en la farmacia hay desde tiritas inofensivas hasta codeína. Me pregunto que sentirá un drogadicto en una farmacia, y si se puede comparar a lo que yo siento cuando entro en un supermercado. Los nervios, el salivar, el quererlo ya, el querer salir de allí rápido para comerlo. El empezar a comer incluso antes de llegar a casa.

Lo bueno de estar en recuperación es que yo con ayuda puedo enfrentarme a un supermercado. He entrado deseando comer hasta reventar, y mientras empezaba a llenar el carrito me he puesto a rezar, meditar, como lo queráis llamar, en definitiva a ponerme en contacto con mi poder superior, y eso me ha hecho salir del lugar sin un alimento compulsivo en la cesta de la compra, y abstinente.  También he llamado a una compañera mientras estaba comprando, y le iba relatando lo que iba cogiendo. Como dice una amiga mía de OA, “la abstinencia empieza en el supermercado”. No tener en casa alimentos compulsivos me ayuda mucho. Y eso pasa por el supermercado. Comprenderéis como igualmente a mí que me inviten a comer, o que me regalen comida, es como darme un sorbito de veneno. No por que sea anoréxico, que lo he podido ser, si no por que no te suelen dar comida sana precisamente, si no dulces, que es de lo mas peligroso para mi. ¿Alguien le regala alcohol a un alcohólico? ¿O dulces a un diabético?

Volviendo al tema inicial de esta reflexión. Creo que los horarios excesivamente alargados de esta cultura del país en el que vivo,  a mi me pueden hacer algo de daño. Hoy me encontré a un compañero de trabajo comiendo a eso de la una del medio día. “Come cuando tengas hambre física, no hambre emocional”, leía hace poco. El hambre alargada en el tiempo, llega un momento que se pasa, si, pero unida a la ansiedad de una mañana de estrés en el trabajo, y el tener que esquivar supermercados volviendo a casa, me están complicando el mantenerme abstinente. El hambre física se convierte así en hambre emocional, por la ansiedad que me produce el tener que esperar, y el pasar por delante de todos esos sitios tan estupendos y atractivos donde recaer, llenos de carteles de 2x2m con las últimas ofertas de comida al kilo. Es el punto de ruptura, la fricción, el momento clave, en el que suelo recaer, pero siempre por acumulación de dos o tres días antes de haberme excedido en algún pequeño bocado fuera de casa durante el fin de semana. Los inicios de semana son terribles, y sobre todo también cuando no me queda comida en casa.

Irónicamente es el defecto lo que me lleva al exceso. Vivo en un piso muy pequeño. Cocina pequeña, despensa pequeña. Apenas si entra en casa la comida de una semana. Cuando se va acabando y se unen las circunstancias anteriores, es cuando entro en zona de peligro.

Durante años fui capaz de ir a un supermercado y hacer la compra para mi mismo, con mi propia responsabilidad y honestidad en ello. Procuraba hacerlo siempre después de ir a una reunión, para ir con las pilas cargadas. Ahora se que si quiero, no tengo por que enfrentarme a ir a un supermercado, puedo hacer la compra online y pedir que me la traigan a casa. Me encanta especialmente la Web de un supermercado concreto, por que puedo guardar las listas previas de lo que he comprado, y no ponen fotografías de los productos. Así no tengo siquiera que escoger. No hay rendija por la que se meta mi libre albedrío enfermo. Saco así la visita al supermercado de la ecuación a resolver que es mi abstinencia diaria.

Y cuando escribo esto, me doy cuenta de que todo es más sencillo con un plan de comidas estructurado que Yo decido. Lo que no entra en mi plan de comidas, no entra en el carro de la compra. Así de simple. Pero mi yo enfermo es muy rebelde y siempre busca el alimento compulsivo, como la polilla a la llama. No es la compra diaria la que me da problemas, si no la compra espontánea y no planificada, para satisfacer mi ansia compulsiva, cerca de los horarios de la comidas, o de salida de mi trabajo. tambien podria plantearme el comer en el horario "americano" por asi decirlo, no sin antes consultarlo. Por probar a ver que tal me va, asi. Esta claro que con el estomago lleno las tentaciones son mucho menos fuertes.

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4 Comentarios:

Blogger angeles escribio...

me siento tan identificada con lo que escribes, todos los dias la misma lucha LA COMIDA.. me agota enormemente este control que quiero ejercer con lo que como o dejo de comer, me angustio cuando se aproxima la hora de comer y siento este vacio grande y desgarrador que me reconcome por dentro. no soy capaz de prestar a tencion a lo que habla mi familia en la mesa, incluso me cuesta concentrarme en las noticias de la television, mi unica obsesion es comer y terminar lo antes posible, no saboreo la comida, no se hacerlo,solo quiero llenarme y esto me pone muy nerviosa, el sentirme diferente. mi marido conversa pausadamente cuando come, deja la cuchara en el plato y descansa, vuelve a empezar, con una serenidad pasmosa, y hay momentos en que lo odio, por que quisiera que mi actitud con la comida fuera como la de el.¡¡en fin!! he probado miles de cosas, y de momento esto es lo que hay. me encantaria algun dia, ser una persona normal .
un saludo cariñoso

13 enero, 2012 00:20  
Blogger María Victoria escribio...

Es un tema muy interesante a tratar... las adicciones en relacion a la comida, y como interfieren los comercios en todo esto..
Yo me pregunto como influirá el delivery en todo esto no?

23 octubre, 2012 00:44  
Blogger Leonardo escribio...

Realmente no creo que influya el Delivery de Comida en este tema.

23 octubre, 2014 17:19  
Blogger m2c escribio...

Cada uno es un mundo.

He conocido personas que salian de madrugada a buscar cualquier tienda o gasolinera abierta 24horas para buscar su dosis de azucar.

Otras personas arrasaban de madrugada con la nevera.

Y otras estaban siempre llamando continuamente a restaurantes para que les llevaran comida a casa.

Cada uno es un mundo. En mi caso los supermercados eran mi obstaculo a superar, y tambien las maquinas de vending en el trabajo y el trasporte publico.

29 octubre, 2014 10:39  

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