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sábado, enero 20, 2007

Segundo paso - finalizado


“SEGUNDO PASO”


"Llegamos al convencimiento de que sólo un Poder Superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio."

Muchos comedores compulsivos exclamamos al ojear este párrafo: ¿Devolvernos el sano juicio? Mi caso es distinto. Yo estoy perfectamente sano. El único problema que tengo es el de la comida.

Ya no tengo el orgullo de creerme que la comida es mi único problema. Tengo cicatrices emocionales graves que vienen marcadas por lo que estaba decidido en mi vida incluso antes de nacer yo, por la familia en la que nací. Y soy impotente ante ellas. Se que en mi la comida es un síntoma, que hay mucho mas. La comida es por donde estallo. He tenido depresiones crónicas, baja autoestima, subidones y bajones emocionales tales que me asustaba de mi mismo pensando que era bipolar. Incapacidad para acercarme al sexo opuesto. Accesos de ira, obsesiones, fantasías múltiples y desbocadas, e incluso una vez ideas suicidas, pero como todos los suicidas, era mas por llamar la atención que otra cosa. Hay mucho más debajo de mi personalidad que la simple comida. La suerte es que con todo el dolor y sufrimiento que he sufrido, pueda vivir día a día.

¿Pero estamos de verdad cuerdos? Cuando examinamos nuestras vidas con sinceridad, vemos que en lo que se refiere a la comida hemos de calificar nuestra conducta de irracional y autodestructiva.

Yo no era consciente de lo que hacía con la comida. Solo quería adelgazar. Costara lo que me costará, el tiempo que me tomará me daba igual, un año, dos años. Se me cambio el chip de comer como un cosaco a comer como un pajarito, y de hay a comer una vez al día durante años, a intentar vomitar puntualmente. Al atracón diario, y varios días sin comer por culpabilidad. Todo por que quería estar delgado por que creía que mi obesidad era el origen de mis problemas, cosa que a lo mejor era cierto o no en aquel momento, pero que el adelgazar no ha solucionado. Sigo teniendo problemas en mi vida como todo el mundo.

Presas de la compulsión por la comida, hemos hecho cosas que a ninguna persona sana se le hubieran ocurrido. Hemos recorrido miles de kilómetros a altas horas de la noche para satisfacer un antojo. Hemos comido alimentos congelados, quemados, pasados, e incluso deteriorados y peligrosos. Hemos cogido comida de los platos de otras personas, del suelo, de la tierra. Hemos sacado comida del cubo de la basura y nos la hemos comido.

Yo he tirado comida por miedo a comérmela, odiándola. Yo he viajado en coche ansiando parar en cada gasolinera nada más que para comprar los alimentos de picoteo que allí había. He tenido broncas y peleas en casa de mi madre por que intentaba que no trajeran a casa la comida que yo no quería comer pero que era incapaz de dejar de comer. De adolescente arranque comida de las manos de un amigo sin pedir su permiso y esto provoco una pelea. De más niño, rabie por querer comer algo que mi madre no me dejaba y rompí un cenicero estrellándolo contra el sueño y me corte en la mano profundamente. Ahora se que la enfermedad siempre estuvo ahí, agazapada, esperando, a que le abriera la puerta.

Con frecuencia hemos mentido sobre lo que hemos comido, mentido a otros porque no queríamos enfrentarnos a la verdad.

Sobre mi comida y mi salud he mentido bastante. Para evitar suspicacias de otras personas, y que me dejaran tranquilo. Y sobre todo me he engañado a mi mismo para autojustificarme, con un objetivo que era un espejismo. Quería controlar mi vida, llevarla hacia una hipotética felicidad en encontrar pareja como consecuencia de la delgadez. Hoy se que la felicidad es un estado de animo, un vivir en recuperación que yo he de construir alrededor de mi mismo con ayuda de oa, mis compañeros, y de mi poder superior. Y que las mujeres, me pueden hacer mucho daño, pero la soledad también.

Hemos hurtado comida a nuestros amigos, familiares y empleados, incluso en la tienda de ultramarinos. Hemos robado también dinero para comprar comida. A pesar de tener el estómago repleto, hemos continuado comiendo, a veces incluso a pesar de sentirnos indispuestos de tanto comer.

He vomitado de tanto comer. He tirado comida por tal de no comerla. He cogido comida de las manos de un amigo de manera violenta. Me he enfadado con otras personas para que no trajeran o me ofrecieran comida. He huido de celebraciones y amistades por no tener visión de comida. Me siento como el drogadicto que se esta desenganchando. No puedo juntarme con personas que comen de cierta manera por que ver como comen a mi me duele. Sería como pedirle a un drogadicto que mirara mientras otros se drogan. Por que la comida para mi es una droga, y ante tal fuente de placer, en la locura en la que estaba sumida mi vida, he hecho de todo, abusando o negándome la comida.

Continuamos abusando de la comida, aunque sabíamos que estábamos desfigurando y lisiando nuestros cuerpos. Nos hemos aislado para comer, poniendo así en peligro nuestras relaciones con los demás y privándonos de vida social. A causa de nuestra compulsión por la comida, nos hemos vuelto objetos de ridículo y hemos destrozado nuestra salud. Más tarde, asustados por lo que nos estábamos haciendo, nos obsesionamos con las dietas.

Recuerdo la sensación de culpabilidad después de un atracón. Pensando que estaba destruyéndome, que estaba tirando por tierra todo lo que había logrado y que ponía rumbo a mi propia autodestrucción, pues comía de manera que me encaminaba de nuevo a la obesidad y la depresión.

He sido marginado por otras personas que me veían como el típico gordito manipulable y bonachón. Cuando me utilizaban yo me sentía estupido y me cerraba en banda, y todo era por mi debilidad de carácter nacida de mi baja autoestima, lo que me llevaba a una incapacidad para decir no, para ponerme en mi sitio.

Mi salud no me importo un pimiento durante años. La maltrate con exceso de peso y sedentarismo. Siempre estaba constipado, los kilos son como la nicotina para el cuerpo, me sentía siempre cansado y enfermo. Luego al estar comiendo de forma totalmente opuesta y al adelgazar tan rápido, las secuelas, quiera yo negármelo o no, son evidentes. Puedo hasta cuestionarme mi vegetarianismo si empiezo a analizar que como y mis necesidades biológicas. Pero una cosa esta clara, la más dañada ha sido mi salud mental, por que cualquier cosa que me pasa la achaco a la comida o mi manera de comer.

Gastamos cantidades enormes de dinero en diferentes planes para perder peso, compramos toda clase de pastillas para reducir el apetito, no hicimos miembros de club de dietas y de balnearios, hicimos que nos hipnotizaran y analizaran, que operaran nuestro sistema digestivo y nos introdujeran agujas en las orejas y en las mandíbulas. No tuvimos inconveniente en pasar por todo esto y aún más, con la esperanza de que un día pudiéramos estar a la vez "en misa y repicando", o sea, darnos atracones y no engordar.

Yo llegue a plantearme el operarme, hacerme un bypass gástrico pero lo deseche por que no me gustaba la operación y no tenia el dinero que cuesta. Escogí el camino de lograrlo yo por mis medios y sin comerlo ni beberlo empecé a ser muy comedido con la comida. Luego vinieron los atracones, al siguiente golpe de la vida. Y fue cuando ya fui consciente de cómo he usado la comida en el pasado para tapar mis emociones. Ahora me encanta mi manera de de comer vegetariana, y tengo miedo de mis alimentos compulsivos, pero a veces mi mente me pone trampas para que coma, y tampoco es fácil por que a veces parece haber presión para que coma, y los problemas me llevan a comer. Creo que por ahora necesito vivir sin problemas y alejado de personas que me ofrezcan comida que se que es peligrosa para mi. He de aprender a poner límites a los demás y saber que decir que no. Y no solo en la comida.

Algunos fuimos de médico en médico en busca de una cura. Los médicos nos pusieron a régimen, pero tampoco tuvimos en esta ocasión más suerte que con las anteriores dietas. Nos mandaron inyecciones y pastillas. Durante una época nos dieron buen resultado, pero con el paso del tiempo, volvimos a perder el control y a comer, recuperando el peso que tanto esfuerzo nos había costado en perder.

De pequeño me llevaron dos veces a médicos. Uno un guru de la nutrición que me daba pastillas que me hacían orinar y que decía que tenía un problema de tiroides, se lo decía a todos, y este guru también trataba a mi abuelo. Y el otro un endocrino. Nada funciono. Hasta que yo no quise, no adelgace, cuando cerré mi boca.

Muchos intentamos el método del ayuno, bajo la supervisión o no de un médico. Por regla general conseguíamos perder peso, pero en el momento en que volvíamos a comer, el comportamiento compulsivo se apoderaba de nosotros y recuperábamos los kilos perdidos.

Así fue para mí. Me decía a mi mismo que era ayuno terapia. Me justificaba así. Tampoco me lo propuse, pero empecé a comer una sola vez al día, y estuve así mucho tiempo, no se cuanto, años. Funciono. Una comida al día y en plan vegetariano. Creo que rocé la anorexia. Mientras hubo kilos que perder no hubo problema. Fue después cuando quise parar y empecé a comer cosas que me había quitado durante este tiempo, que volvieron los problemas. Otra vez la vida me daba duros golpes y se junto que estaba comiendo estas cosas de nuevo. Comenzaron los atracones y empecé a recuperar el peso perdido.

Algunos optamos por perder peso vomitando, utilizando laxantes o reventando con ejercicios. Nos llenábamos la boca de comida hasta que no nos cabía más en ella y sentíamos dolor, a continuación era nuestro estómago el que nos liberaba de esta molestia.

Yo he intentado provocarme vómitos pero no lo he logrado. He ayunado durante días para compensar un atracón. He caminado grandes distancias durante horas. Y por supuesto he sufrido atracones. Después de un atracón la boca me sabía como un zapato. Tenía terribles dolores de estomago, y me sentía que me había fallado a mi mismo.

Nos destrozamos el sistema digestivo y la dentadura al privar a nuestros cuerpos de elementos necesarios para la vida.

El hacerme daño a mi mismo con mi alimentación es uno de mis grandes miedos. Me hecho tanto daño a mi cuerpo durante todos los años que comí excesivamente, que me aterroriza el dañarme por comer de menos. Me asusto ante cualquier síntoma físico pensando que puede estar causado por la comida. Me he asustado ante la posibilidad de unos análisis, por tener el estomago revuelto, por tener un diente mellado. Pero creo que más que asustarme lo que tengo que hacer es ponerme en acción y cuidarme. Estoy empezando a valorarme a mi mismo y a mi salud.

Los que pesábamos de más, seguíamos a pie juntillas los consejos de otros sobre como alcanzar nuestro peso ideal, pero nada resolvía este problema de forma permanente.

He hecho varios trucos para modificar mi manera de comer para adelgazar, he leído libros de dietas, he rebuscado en Internet la dieta perfecta. Algunas cosas funcionaban y otras no. Pero no fui consciente hasta mucho después como mis emociones se reflejaban en mi manera de comer y al revés.

Hiciéramos lo que hiciéramos para aliviar este caos, la compulsión por la comida siempre volvía.

Aun trabajando el programa lo mejor que he sabido, escribiendo a diario, yendo a tres reuniones semanales, haciendo plan de comidas, la compulsión ha vuelto. Por que estoy enfermo de una manera incurable y que no puedo controlar. Soy tan sensible que mi entorno me afecta de manera muy sutil. Ver alimentos compulsivos, la soledad, el tener comida peligrosa a la mano, va mermando mi ser, rompiendo mi conexión con el poder superior. Yo aguanto lo que mejor puedo, pero al final, acabo comiendo algo, y tengo suerte, por que muchas veces son solo resbalones, y no atracones. O como algo dudoso y no siento tirón, pero si me obsesiono con la situación dándole muchas vueltas en la cabeza. Y aun con tiempo abstinente, me veo otra vez en las viejas costumbres, de querer dulce, de revisar armarios…

A la larga nuestro peso aumentaba y nuestra autoestima disminuía. Con el paso del tiempo nos cansábamos de todo este juego y nos desanimábamos. A pesar de ello, éramos incapaces de reconocer que éramos impotentes ante la comida.

Yo quería la solución rápida y fácil sin comida para ser delgado. Algo que no existía. Mutar mi dolor por felicidad de forma automática, y ya. Algo que sin ninguna duda no podía ser. Yo no quería esforzarme. Exigía, lo quería todo hecho. Quería ser feliz ya. Quería atracarme y no engordar.

Aun hoy cuando tengo una abstinencia sucia me consuelo en que no tengo que hacerlo perfecto, en que mi recuperación llevara su tiempo, y que soy afortunado por que mi peso ahora no esta subiendo. Pero se que este consuelo no me vale, por que para mi el peso ya no es lo importante, lo que importa de verdad es mi paz interior.

Contemplando la perspectiva de permanecer gordos, enfermos, y sin ningún control para el resto de la vida, llegamos a la conclusión que no merecía la pena vivir.

Mi vida de ahora merece la pena. Soy mucho más feliz que antes. Sin embargo a la mínima que me descuido, si me dejo, si me escucho, yo mismo me torpedeo y acabo yendo hacia la comida, y a los hábitos destructivos con la comida. Por que ese mecanismo adictivo esta grabado en mi cabeza como una impronta, y he de luchar contra el con toda la ayuda que pueda recabar.

Muchos pensamos en suicidarnos. Algunos incluso llegamos a intentarlo. La mayoría, sin embargo, no llegamos a ese extremo de desesperación. Nos consolábamos considerando la idea de que mientras hubiera suficiente comida todo iría bien. El único problema era que a medida que progresaba nuestro comer compulsivo nos resultaba cada vez más difícil conseguir suficiente cantidad. En vez del esperado alivio, el comer compulsivo provocó el efecto opuesto.

Si tienes un problema y comes, tienes dos problemas. Comer no soluciona nada. Lo realmente duro es cuando hay un tirón físico hacia la comida. Cuando mi vida va bien, y aun así quiero comer. O cuando lucho contra una situación, como la soledad, y aguanto, aguanto, y aguanto, hasta que no puedo mas, y como algo, aunque no sea un atracón. La comida compulsiva solo trae sufrimiento para mí.

Cuanto más comíamos más sufríamos, pero a pesar de todo seguimos abusando de la comida. La falta de sentido común era evidente como lo demostraba el hecho de que seguíamos intentando encontrar alivio en el abuso de la comida, mucho después de que comenzara a hacernos sufrir.

Soy un adicto a la comida, lo reconozco. Este mecanismo esta en mi cabeza. Soy hipersensible. Cualquier sentimiento o alteración en mi vida lo dispara. Y a veces yo mismo dándole vueltas a mi vida lo puedo provocar. Incluso huyendo de la comida, me puedo aislar, lo que me lleva a sentirme muy solo y aislado, lo que me lleva a comer. Yo esto no puedo controlarlo. Solo puedo tener fe y esperanza y ponerme en manos de dios. Normalmente suelo ver venir cuando me va a pasar esto y he de trabajar para prevenirlo, trabajando el programa y usando las herramientas que oa pone a mi alcance.

Una vez que fuimos capaces de examinar nuestra vida con sinceridad, nos resultó fácil admitir que en lo que se refiere al peso y a la comida habíamos actuado de forma irracional. Muchos, sin embargo, éramos capaces de restringir nuestro comer compulsivo a las horas en las que no nos encontrábamos solos y llevar una vida más o menos normal.

Yo soy experto en autoboicotear mi recuperación, y en autojustificarme para comer. Engañarme a mi mismo. El hablar de mi problema, el contarlo me sirve para justificarme ante otras personas, el montar una coartada. Así, como esas personas ya saben mi problema, ya no como delante de ellas, ni me ofrecen. Saben que yo estoy aparte de eso. Pero aun así, a veces he comido a escondidas. La solución es rezar y esperar que la situación que me provoca ansiedad desaparezca, o si es un problema, resolverlo. A veces puedo ser un hipócrita y ante personas de fuera del programa, puedo justificarme y luego comer a escondidas.

Nos excedíamos en el trabajo durante el día y nos excedíamos en la comida durante la noche. No teníamos ninguna duda de que en la mayoría de los aspectos estábamos sanos. Al examinarnos más a nosotros mismos, descubrimos otros aspectos de nuestra vida faltos de equilibrio. Nos vimos obligados a admitir que no habíamos demostrado mucha cordura al responder al clamor de atención de nuestros hijos con chillidos, o cuando la envídianos empujaba a comportarnos posesivamente con nuestra pareja. La mayor parte del tiempo habíamos vivido presas del miedo y de la ansiedad.

El miedo a la soledad, a las situaciones emocionales violentas, provocan en mi gran ansiedad. El simple miedo a estas situaciones me ha provocado comer, o dar un paso atrás en mi recuperación. Y cuando se han producido he tenido los peores atracones. Ahora me quita la serenidad un sentimiento, una idea, una emoción, que es la pescadilla que se muerde la cola. Por que no puedo solucionarla, y es superior a mí. He decidido que no esta en mi mano y no voy a hacer nada. Es el ansia por tener pareja, pero el miedo a tenerla por miedo a que el vaivén emocional me provoque atracones me hace estar en conflicto interior y estar solo, como cortocircuitado entre lo que quiero y lo que creo que es bueno para mí. Y sin embargo la soledad también me provoca comer. “ni demasiado solo, ni demasiado cansado, ni demasiado hambriento” Esto últimamente no lo estoy cumpliendo, y a veces se me juntan estas circunstancias. Siento que no estoy cuidando de mi y que estoy poniendo en peligro mi recuperación, pero que mi fe en dios me esta ayudando y es por el, por dios, que aun no he recaído estrepitosamente. Mi padrino me dijo que prefería vivir recayendo, que vivir abstinente y encerrado. ¿Significa eso que debería buscar pareja y exponerme a mis emociones, antes que dejar que la soledad me lleve a la comida? Esto significa que solo o acompañado la comida va a estar detrás de mí, así que he de aceptarlo y tratar de vivir con ello. Pero también se dice en el programa que hay que tener una abstinencia sólida para plantearse siquiera el tener pareja. Pero creo que para una persona normal, conocerme, la puede hacer huir de mí. Y no se lo puedo echar en cara por que se que esta enfermedad es una pega, una tara, que una chica no puede comprender y la puede hacer tomar la decisión de irse de mi lado. Y no se lo puedo echar en cara. Yo también lo haría. Pero todo esto no esta en mi mano, esta en manos de dios.

Como nos sentíamos más cómodos rodeados de comida que rodeados de gente, a menudo evitábamos la compañía de los demás. Corríamos las cortinas, desconectábamos el teléfono y nos encerrábamos en nuestra casa. Cuando estábamos con otras personas, sonreíamos y decíamos que sí cuando en realidad lo que queríamos decir era que no. A algunos nos resultaba imposible defender nuestros derechos en el seno de parejas abusivas y creíamos que merecíamos ese tipo de trato. O nos centrábamos en los defectos y errores de los demás y dedicábamos horas enteras a pensar qué era lo que debían de hacer para resolver sus problemas, cuando los nuestros no recibían ninguna atención y estaban todavía sin solucionar. Los comedores compulsivos somos personas de extremos. Reaccionamos violentamente ante provocaciones insignificantes y a la vez somos capaces de ignorar los problemas verdaderamente importantes.

Yo no se relacionarme con lo demás. Las relaciones personales, laborales y familiares me dan mucho miedo. Y si hay comida de por medio mucho peor. Prefiero comer solo, aunque a veces esto es peor. A veces es mejor para mí comer fuera, por que ha sido cuando he comido solo cuando me he dado los atracones. Yo necesito mucha tranquilidad en la mesa. No soporto a las personas que se pelean o gritan. Aunque no sea a mí directamente, me roban la serenidad. Así pues el llevarme bien con todo el mundo, y evitar esta clase de personas, para mi es cuestión de supervivencia, para no terminar dándome un atracón. Con el trabajo del programa estoy reaprendiendo a vivir desde cero, a comer, a relacionarme, y a reaccionar ante personas cuyo trato dispara mi compulsión.

Unas veces estamos obsesivamente atareados, mientras otras nos encontramos tan cansados que no somos capaces ni de movernos. Pasamos de la excitación desmedida a la depresión más profunda. Vemos el mundo en blanco y negro. Si no podemos conseguir todo, no queremos nada; si no podemos ser los mejores, nos negamos a participar en el juego. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de lo mucho que esta forma de actuar nos había perjudicado. Paulatinamente llegamos al convencimiento de que teníamos que cambiar.

Mucho antes de saber nada de mi enfermedad, de sospecharlo siquiera, de haber tenido un atracón, yo ya tenía extremos emocionales. Varias veces sospeche que podía llegar a sospechar que era bipolar, por que en ciertas épocas de mi vida, cuando me dolía mucho lo que me pasaba, lo mas mínimo me ponía muy depresivo o eufórico de alegría. Pasaba de un estado al otro en cuestión de 5 minutos. Se que estos extremos no son normales. Son parte de la compulsión. Mi madre ya lo decía, que ella se lo tomaba todo muy a la tremenda. Los rasgos de personalidad yo creo que se heredan.

Yo pensaba que con todo el sufrimiento que estaba pasando, me merecía ser feliz. Yo quería ser rico, tener una novia guapísima, y ser guapo y delgado. Pero simplemente se lo decía a la vida, yo quiero esto. No me planteaba como hacerlo, ni planeaba ni nada. Y el ver que no se cumplía para mi era una fuente de frustración muy grande.

Cuando mi vida no era lo que yo quería, y el sufrimiento fue tal que toque fondo, fue cuando tuve que elegir vivir o morir. Seguir sufriendo, viviendo una vida peor que la muerte, o cambiar y empezar a vivir más dignamente.

Nos mostrábamos irracionales, desequilibrados y enfermos en todos los aspectos de nuestra vida y no sólo con la comida. Pero si nuestra fuerza de voluntad y nuestra determinación no podían cambiar nuestro desastroso modo de vivir, ¿qué podría cambiarlo? Estaba claro que teníamos que encontrar un poder superior a nosotros si queríamos recuperar el sano juicio.

El programa ha obrado en mí el cambio aunque yo no quiera verlo. Me ha hecho pasar de la depresión a la las ganas de vivir, a la esperanza, a la fe. Me ha bajado de mi orgullo de quererlo todo y creerme que lo puedo todo, a querer reaprenderlo todo y a pedir ayuda. Me ha hecho creer en la recuperación. Ahora tengo fe, y ese es el mayor regalo que me ha dado Oa, más aun que la perdida de kilos. Por que la fe ha mitigado el dolor de mi alma, la depresión ha desaparecido, y por periodos que deseo consolidar con ayuda, la obsesión por la comida ha desaparecido de mi cabeza.

Llegado a este punto del segundo paso, la mayoría nos encontramos con diversos problemas por una u otra razón. Algunos no creíamos en Dios. Descartábamos la posibilidad de encontrar una solución para nuestros problemas si para ello teníamos que "encontrar a Dios". Algunos decidimos marcharnos antes de que terminara nuestra primera reunión cuando oímos pronunciar la palabra Dios y no volvimos hasta que más años de comer compulsivo nos llevaron a la desesperación. Los que continuamos, descubrimos algo maravilloso.

Más aun que el mantener mi peso y adelgazar, creo que para mí el mayor regalo que he recibido de oa ha sido el despertar espiritual, la fe, y los periodos de nube rosa que he tenido. Las ganas de vivir se convirtieron en esperanza y la esperanza en fe, y eso en una alegría que llena mi corazón y me reconforta. Yo siempre he sido muy ateo en términos de la iglesia católica. Hoy puedo decir que creo en dios pero no en la iglesia, ni en el Islam ni en cualquier otra religión. Tengo una íntima relación con dios, pero no me gustan los intermediarios. Somos el y yo. Al principio pensé que si para recuperarme tenía que aceptar a dios, era un precio que pagaría por poder vivir. Ahora la fe es un regalo en si misma de la que fluye la recuperación. Antes creía en un poder superior. Ahora mi fe se ha afianzado y ya puedo decir que creo en dios. Mi propio y personal dios, que me va a ayudar aquí y ahora. No un monstruo del saco por el que tengo que ser bueno para cuando muera ir al cielo. No, a mi, dios, mi fe, me ayuda aquí y ahora. Cuando muera no se lo que pasara, ni lo se, ni me importa. Dios, la vida, el destino, llámalo como quieras, me ayuda aquí y ahora. He tenido coincidencias tan obvias en mi vida, me han sucedido cosas tan increíbles, como para negar que algo estaba pasando en mi vida respecto a un poder superior a mi mismo.

CCA no afirma que tengamos que creer en Dios, nos dice tan sólo que un poder superior a nosotros puede devolvernos el sano juicio. Sugiere que definamos a ese poder como queramos y que nos relacionemos con él de la forma que más nos convenga. CCA recomienda exclusivamente que no nos cerremos al crecimiento espiritual, y que mostremos tolerancia con los demás, evitando criticar o hacer propaganda de doctrinas religiosas concretas en las reuniones de CCA. Nuestro programa es espiritual, no religioso.

Yo no me considero cristiano católico. Tolero a las personas que lo son, pero yo no me siento identificado con esa religión. Ni con ninguna religión en general. Me gustan algunas cosas del budismo pero tampoco soy creyente de esa fe. Me identifico con el misionero que esta ayudando en un país en guerra, o haciendo labor social. Me identifico con la lucha del Dalai Lama para liberar su país. Pero no con otras cosas de esas u otras religiones, como la opresión moral, el conservadurismo o el que te digan lo que tienes que hacer, decir y pensar. A mi me gusta tener mi propia relación con dios sin interferencias, sin que me llegue deformado por otras personas y liturgias

Carecemos de credos y de doctrinas, lo único que poseemos es nuestras propias experiencias de recuperación. Los ateos y los agnósticos tienen cabida en CCA y muchos de ellos se han recuperado.

Creo que mi carencia de fe inicial fue una ayuda, por que empezaba el crecimiento espiritual desde cero. He visto a muchas personas con una fe ferviente en religiones incapaces de sentir un crecimiento espiritual, y muy resentidas con el concepto de dios castigador y justiciero. Eran personas incapaces de creer que la idea de confiar en dios les pudiese ayudar en sus problemas. Así que mi carencia de fe inicial, doy gracias por ella, por que para mi ha sido una ventaja.

¿Cómo pudimos los que no creíamos en Dios llegar a creer en un Poder Superior? Todo empezó el día en que nos sentamos en una reunión de CCA y tuvimos la oportunidad de experimentar el ambiente de compañerismo que allí reinaba. Había personas que nos comprendían y que mostraban interés por nosotros. Podíamos hablar sin temor alguno de nosotros mismos y a pesar de ello, nos aceptaban incondicionalmente.

¿No es un milagro encontrar ayuda y abrigo en otros que sufren como yo y saben lo que me pasa, encontrando así fuerza en la debilidad? ¿No es increíble que todos los compañeros hayamos tenido los mismos sentimientos, obsesiones y comportamientos autodestructivos con la comida? Creo que el amor y abrigo de un grupo es vital para mi recuperación. Solo perdería toda la motivación que tengo para seguir adelante. Y como yo no tengo fuerza de voluntad, y es dios quien me la da, dios obra en mí a través de los grupos. La conciencia colectiva de los grupos es parte del poder superior, de dios. Cuando escucho “dios te ama” ahora le veo sentido. Dios me quiere y cuida de mí, se manifiesta en pequeñas coincidencias, en cosas buenas que me pasan, demasiado sutiles para apreciarlas por personas no comedores compulsivos. Pero dios me ama y me cuida también a través del cariño del grupo, por que a través de mis compañeros, me beneficio de su conexión con el poder superior. Ver como muchas personas creen en lo mismo (o parecido), y que les funciona, me ayuda a querer vivir como esas personas, y a creer que el programa funciona, a tener fe en el.

Esta aceptación acabó transformándose en cariño, y nos trasmitía una energía que permanecía con nosotros aún después de la reunión. No era un acto de fe exagerado considerar este afecto capaz de devolvernos el sano juicio.

Por que otra opción no me queda. La locura y la obesidad es mi otra opción, y no estoy preparado para sufrir tanto, me moriría en el camino, me destruiría a mi mismo. Así pues me rindo ante el programa, acepto a dios, como manera de mejorar mi vida, de crecer como persona. Pero hoy, para vivir bien hoy, no oprimido hoy, y en el paraíso después de muerto

El amor del grupo, como consecuencia, se convirtió en nuestro Poder Superior. Sin embargo, los miembros de CCA son humanos. A veces, cuando los grupos o el padrino en alguna medida nos decepcionan, nos sentimos marginados y privados de esa fuente de apoyo que ha llegado a significar tanto para nosotros y parece como si nuestra recién estrenada salud estuviera en peligro. Necesitábamos ahora una manera más segura de relacionarnos con Dios.

Oa como conjunto no me ha decepcionado, siempre ha estado ahí cuando lo he necesitado. Mi fe en oa es tan grande que solo pensar que no hubiera grupos no puedo soportarlo. Oa para mi es la vida. Oa y el programa es el camino que he de recorrer para vivir siendo feliz. Cuando he sentido decepción dentro de oa ha sido hacia una persona concreta. Pero esa decepción era mi propia frustración culpando a otra persona de que el programa no funcionara en mí. Es más fácil culpar a otros de mis fallos, que admitirlos. Ahora se que cuando me he sentido decepcionado, y he recaído, ha sido por que no lo he estado trabajando como se debe, no tenia un compromiso serio y duradero conmigo mismo y con mi enfermedad.

Y supuesto, todos somos humanos, y falibles. Además las personas que estamos en los grupos estamos allí por que necesitamos ayuda. Y como tal no se puede pretender que las relaciones personales que allí surgen sean perfectas. Siento el amor del grupo y lo agradezco, me ha salvado la vida, me ha sacado de la recaída. Pero también hay personas que por ellas mismas, por mediación de defectos de carácter o de la compulsión por la comida, tienen malentendidos con otras. Pero yo tengo fe en el programa de 12 pasos y en que nos hace ser mejores personas a nivel individual y como grupo.

Llegado a este punto, nos dijeron que podíamos actuar "como si". Esto en ningún modo significa que vamos a aparentar una devoción que no tenemos o simular ante los demás que creamos en Dios cuando en realidad no es así. Significa que podemos dejar de lado las argumentaciones teológicas y examinar la idea de un Poder Espiritual a la luz de la desesperada necesidad de ayuda que tenemos.

La fe es el último recurso de los desesperados. Siempre en las películas cuando se hunden los barcos, la gente reza. Cuando están a punto de fusilar al protagonista, este reza. Yo estaba desesperado. Saltando de atracón en atracón. Cuando llegue al programa y escuche oir hablar de dios, me sentí desconcertado. Pero luego pensé que si la religión era el precio a pagar para poder vivir libre de mi enfermedad, estaba dispuesto a pagarlo. Por que era capaz de hacer lo que fuera para poder vivir libre de los atracones. Me sentí aliviado cuando pude establecer mi propia relación personal con dios, con el dios que yo quisiera, el dios a mi medida, y de manera que yo lo deseara.

Algunos comenzamos por preguntarnos: ¿Para qué necesito un Poder Superior?

Necesito un poder superior por que mi vida ha terminado en un callejón sin salida. Tal como yo vivía, todos los factores (incluidas mis acciones) me llevaron a la adicción a la comida. Nunca tuve voluntad frente a la comida. Comía y comía. Toda mi vida era comida. Cuando intente controlarla, esta fue superior a mí, y me gano, y empezaron los atracones. Yo solo no puedo con la comida. Es superior a mí, a mis fuerzas, y a mi voluntad.

Yo no puedo. Pero dios si puede. Por que dios es grande. Rozar siquiera su infinidad me da la fuerza que yo no tengo para continuar. Esa es la fe. La gasolina de mi alma. Lo que me hace seguir adelante. Por eso necesito a dios, y le acepto. Y me da igual la iglesia católica, el Islam, el budismo y todas las sectas del mundo. Yo tengo una relación íntima y especial con dios. Un canal directo a el en mi corazón. Dios siempre esta ahí para mi, la cuestión es si yo le acepto o no. Y ahora mismo pienso que si. Dios es mi salvación. Sin la fe en la recuperación no tengo nada, solo comida y dolor, y allí no quiero volver, y para eso necesito la ayuda de dios.

¿Cómo me gustaría que fuera ese Poder y cómo desearía que actuara en mi vida? Una vez que definimos ese poder nosotros mismos, comprobamos que nos encontrábamos cómodos con él.

Dios es un fuego en el interior mi corazón, un calor interno, que me llena de paz, serenidad y alegría. Cuando me acerco a el, crezco como persona. Es un estado al que me acerco mediante una búsqueda interior. Cuando llego a el, la paz y la serenidad me inundan, y la vida me sonríe, por que me siento tan bien que la parte negativa de mi existencia se sobrelleva y no oscurece mi alma.

Es como si dios me tocara con su divinidad y me diera parte de su fuerza y voluntad, y así me ayuda a ser mejor persona. Me recuerda mucho a la idea del superhombre de Nietzsche, o el estado del nirvana del que habla el budismo. En el fondo creo que es una esperanza por mejorar, por ir hacia delante. Solo que surge de mi interior, de la búsqueda de mi un mejor yo que venga de la esperanza convertida en fe a través de la redención de mi persona.

Más tarde comenzamos a actuar como si ese poder existiera y vimos que como resultado de esto nos comenzaban a ocurrir muchas cosas positivas.

Cuando estoy en conexión con el poder superior, con dios, mi vida va a mejor. Tengo esperanza, y estoy alegre. Suceden coincidencias muy positivas. El optimismo me invade. Coincidencias tan sorprendentes que me hacen creen, en el destino, en la vida, en dios. Llámalo como quieras. Por que las coincidencias son milagros en los que dios prefiere permanecer oculto. El optimismo es él mejor arma de mi recuperación. Mi estado de ánimo depende de mí, y mi conexión con Dios. La decisión, surge de mi fe y de mi convicción, y me hace vivir mejor. Los milagros me ocurren. Y doy gracias por que se que la felicidad es la fe cumplida aquí y ahora, y no en el mas allá. Dios me ayuda hoy. El esta ahí siempre para mi, solo que soy yo el que no quiere estar en contacto a veces.

Poco a poco, a medida que experimentábamos cambios positivos en nuestras vidas, llegamos al convencimiento de que un poder superior a nosotros nos podía devolver el sano juicio.

Yo tengo libre albedrío. Dicen las religiones mayoritarias que dios nos lo dio a modo de prueba. La famosa dualidad bien y mal. Mi capacidad de elegir esta infectada por una enfermedad mental. Soy incapaz de elegir que comer. Y de ahí en adelante, soy incapaz de vivir, de tomar decisiones correctas para mi. Como yo no se vivir, si sigo mi voluntad solo puedo abandonarme a mi suerte hasta terminar muerto (por suicidio, por deterioro físico) o algo peor. Pero si hago la voluntad de dios, le pido a el que tome las decisiones por mi. Pienso que haría yo si estuviera sano y de la mano de dios. Le veo a el acompañándome. Le noto que me lleva de la mano. Y la decisión correcta viene a mí, y sigo el camino. Así cada decisión me hace acercarme cada vez más a tener una mente sana por que recurro a una fuente externa a mí que me habla en mi interior. Así puedo ver las decisiones con una mente clara y abierta, y tener la dignidad para poder elegir lo mejor para mi, entre lo que me dice dios y lo que me digo yo, que normalmente solo quiero lo peor para mi. El camino más rápido, más placentero a corto plazo, pero más destructivo y doloroso a largo plazo.

Los que ya teníamos creencias religiosas al llegar a CCA, al echar un vistazo a este paso nos dijimos: "No tengo ningún problema. Este paso no me afecta porque yo ya creo en Dios". Más tarde, para sorpresa nuestra, algunos descubrimos que nos resultaba más difícil que a los ateos o los agnósticos. A veces los que teníamos creencias religiosas teníamos problemas ya que aunque creíamos en la existencia de Dios, no creíamos de verdad que Dios pudiera y quisiera ayudarnos a vencer la compulsión por la comida.

Quizás creíamos que la compulsión por la comida no es un problema espiritual, o pensábamos que a Dios le interesaban tan sólo asuntos de más importancia y que esperaba que fuésemos nosotros los que resolviéramos ese asunto tan insignificante. No éramos capaces de entender que Dios nos quiere en nuestra totalidad y que está dispuesto y puede ayudarnos en cuanto hagamos, que Él nos va ayudar en cada decisión que tomemos, incluso si se trata de elegir tipos y cantidades de comida. Muchos éramos los que le habíamos pedido a Dios que nos ayudara con nuestro peso pero las oraciones no habían producido resultado alguno.

La compulsión por la comida, para mi, si es un problema espiritual. A mi un atracón me generaba mucho malestar. Físico por que terminaba con dolores terribles. Mental por que yo mismo me perdía en pensamientos y obsesiones con la comida, prometiéndome que no lo iba a repetir, preguntándome por que lo hacia. Y espiritual, por que perdía la paz y estabilidad que pudiera tener y me sumía cada vez más en la locura. El tener fe me ayudo a creer que con ayuda podia salir de aquello si me entregaba a una fuente de fuerza de voluntad superior a mi, ya que yo no tenia ninguna, ya que soy impotente ante la comida.

Más tarde comprendimos por qué nuestras peticiones de ayuda habían caído en saco roto. Lo que en realidad le habíamos estado pidiendo a Dios era que eliminara nuestra gordura y que nos permitiera a la vez seguir comiendo lo que quisiéramos cuando quisiéramos. La mayoría también necesitábamos aprender a pedir ayuda a otras personas y permitir que Dios nos hablara a través de nuestros semejantes. En CCA el poder curativo de Dios nos llega a través de la comunidad y del cariño de los comedores compulsivos. Antes de pertenecer a CCA las peticiones de ayuda podían haber dejado de ser respondidas quizá porque nunca fue el propósito divino que nos enfrentáramos aislados a esta enfermedad, sino que era que aprendiéramos a abrirnos para poder amar de verdad a nuestros semejantes.

En Oa aprendí a tragarme el orgullo, a agachar la cabeza y admitir que necesito ayuda, que yo solo no puedo. Me ayudo mucho ver el ejemplo de aquellos que se están recuperando, y como lo lograron armados con su fe. Ahora se que no estoy solo y que para sentirme en comunión solo tengo que rezar, leer, llamar o ir a una reunión, y que allí hay personas que me comprenden y comparten mis sentimientos por que están viviendo mi misma enfermedad.

Fuera cual fuera nuestro caso, tras años de buenos propósitos y oraciones pero también de abuso de la comida, perdimos la fe en que Dios nos pudiera devolver el sano juicio en lo que a la comida se refiere. Creíamos a nivel intelectual que Dios era capaz de hacer cualquier cosa, pero en nuestro fuero interno "sabíamos" que Dios no nos ayudaría en esta faceta de nuestras vidas. Si queríamos recuperarnos, teníamos que cambiar el concepto negativo que teníamos sobre Dios. ¿Qué podíamos hacer? Estar dispuestos a empezar de cero.

Yo en cuestión de fe jugué con ventaja. Llegue a Oa sin ninguna fe en nada. Y el empezar de cero no me costo por que no me tenia que deshacer de mis creencias previas, ya que no las tenia.

La concepción que teníamos de Dios no nos servía, por tanto era necesario que la cambiáramos. Podíamos empezar por plantearnos, tal como lo habían hecho los ateos y los agnósticos, qué era lo que necesitábamos y qué queríamos que Dios fuera e hiciera por nosotros. A continuación actuamos como si Dios fuera exactamente lo que queríamos y necesitábamos que nuestro Poder Superior fuera. Llegamos a la conclusión de que teníamos que deshacernos de cualquier concepción de Dios que no nos ayudara a recuperarnos de nuestra enfermedad.

Teníamos que sustituir nuestras viejas ideas sobre Él por una fe que nos sirviera. Esto, a la vez que requería una gran humildad nos causaba un enorme miedo, pero en el momento en que estuvimos dispuestos a hacerlo comenzaron a sucedernos cosas que nunca hubiéramos sospechado. Para todos nosotros, fuéramos ateos, agnósticos o personas con filiación religiosa, la fe es algo que fue surgiendo a medida que hacíamos aquello que había resultado útil a los demás. No nos importó si creíamos o dejábamos de creer en lo que estábamos haciendo. Seguimos, a pesar de todo, los consejos que nos dieron y nuestra vida comenzó a cambiar.

Empecé a creer en el momento en que vi que a otros les funcionaba. Cuando vi la recuperación en los grupos. Cuando sentí el amor de mis compañeros y compañeras. Cuando vi que cada servicio que hacia por Oa, la hermandad me lo devolvía en forma de recuperación. Cuando hice lo que otros habían hecho (escribir, servicio, llamar, reuniones) y cada cosa que hacia me daba mas bienestar y recuperación de comer compulsivamente. Entonces pensé: esto funciona. Y me di a ello, me puse en manos de dios, solté riendas, deje de preocuparme por el ayer y por el mañana, y empecé a vivir en la fe.

Esta disposición a actuar guiados pro la fe constituyó la clave del segundo paso. Era el comienzo de un proceso curativo que nos liberaría de la compulsión por la comida y que proporcionaría equilibrio a nuestras vidas, tan necesitadas de él. A medida que respondíamos con acciones al amor que nos habían dado en CCA, el resultado era una nueva fe en nosotros mismos, en los demás y en el poder de ese amor. Habíamos comenzado a establecer una relación nueva con Dios y estábamos preparados para avanzar en nuestro programa de recuperación.